¿cuánto tiempo vas a abrazarme?
El placer me sorprende a veces atareada en mil cosas y con la cabeza a mil revoluciones. A las doce de la noche, en el sillón, balanceándome con el ordenador encima de las piernas y la mirada perdida por la ventana. Aún sin calcetines y con el pelo recogido, cuando anna ya duerme o lee en su habitación y yo abro una página en blanco. Por un momento te recuerdo de pie en el salón con los brazos abiertos y una sonrisa en tu cara, mirándome. Por otro momento recuerdo las dos horas anteriores, dónde estaba, en qué brazos, cuando harry encontró a sally riendo en la cama y acabaron haciendo el amor, como todo lo que empieza con caricias en un sofá de dos plazas, después del chocolate y antes de va a volver a pasar, lo presiento. Y mi felicidad al no sentirme atada a nada ni a nadie. Al poder echarte de menos mucho y de más ya no. Al repasar mi día mental y todas esas respuestas positivas. Me duermo como si un ángel blanco estuviera entrando por mi balcón.

