nika
Yo de pequeña tenía una amiga muy amiga y un perro invisible. Íbamos por la calle como si nos siguiera y de vez en cuando nos girábamos y lo llamábamos por un nombre imaginario. Hasta que mis padres me regalaron uno. Bueno una. Al salir del cole mis amigas y yo nos sentábamos alrededor de su cuna a mirarla por si se despertaba y podíamos cogerla y mimarla. Entonces no tenía ni un año. Ahora tiene 18. Y hoy estaba yo sola, en el mismo suelo de la misma habitación, con ella en mis brazos y una tristeza infinita en mis ojos, acariciándola, como esperando su muerte. No quería moverme, no quería dejarla. Siento que se va y que no estoy nada preparada para grandes despedidas. Que me duele todo al pensar en la muerte, que me siento abatida. Te quiero.


jarod dijo
lo siento...
18 Diciembre 2006 | 05:30 PM