llueve en parís
Llueve en París y me asomo a la ventana a hacer fotos mientras algo dentro de mí se remueve lentamente, claro que está lloviendo en parís y sólo eso ya significa que se apodere de mí una nostalgia melancólica bucólica del lugar, del sitio, de mi estado, de mi estado de sitio. Me quedo un rato en la ventana viendo cómo las gotas van mojando la ciudad, olvidándome de esa pintura tan perfectamente inteligente que acabo de ver. Cómo es una pintura perfectamente inteligente, pues no lo sé, pero me da, a mí, que lo es. Entro a seguir abriendo libros, buscando algo que no encuentro. Como no lo encuentro ni sé qué es, salgo a la calle. Las figuras del estanque siguen dando vueltas, cuánto tiempo llevarán así y cuánto les queda, las terrazas siguen llenas, debajo de sus toldos. Hace frío en parís y no llevo ropa de abrigo. Cuantos cruces y cuantos besos en los puentes, ahora lo entiendo todo. Es preciosa parís. Tanto como el amor. Y el desamor.

